Desconectados

Suelta lo que te aleja de Dios y vuelve a conectarte con Él


Hay cosas que todavía funcionan, tienen capacidad y fueron diseñadas para cumplir un propósito, pero no pueden hacerlo porque están conectadas a la fuente equivocada.

Un lápiz digital puede estar en perfecto estado. Puede tener todas sus funciones intactas, no estar quebrado ni descargado; sin embargo, si está conectado a otro dispositivo, no responderá donde intentamos utilizarlo.

El problema no está necesariamente en el lápiz.

El problema puede estar en la conexión.

Y espiritualmente puede ocurrir exactamente lo mismo.

Hay personas con dones, capacidades, llamado, sueños y un propósito de Dios sobre sus vidas, pero no están funcionando conforme a ese propósito porque continúan conectadas a cosas que alimentan una dirección completamente diferente.

“El problema no es que no estés conectado. El problema es a qué estás conectado.”

Podemos estar desconectados de Dios y demasiado conectados al mundo.

Por eso hay momentos en los que Dios nos llama a hacer algo determinante: desconectarnos.

No para dejarnos vacíos, sino para volvernos a conectar con la fuente correcta.

Un instrumento útil necesita estar limpio

📖 2 Timoteo 2:21

“Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra.”

Muchos jóvenes desean ser utilizados por Dios. Quieren servir, predicar, cantar, evangelizar, liderar, ministrar o descubrir su propósito.

Pero existe una pregunta que debemos responder con sinceridad:

¿Estamos dispuestos a desconectarnos de aquello que Dios nos está pidiendo dejar?

No basta con tener capacidad.

No basta con tener talento.

No basta con tener buenas intenciones.

El instrumento necesita estar disponible para Dios.

Puedes tener un teléfono extraordinario, pero si nunca lo conectas a una fuente de energía, llegará un momento en que se apagará. Puedes tener una manguera excelente, pero aquello que saldrá de ella dependerá de la fuente a la cual esté conectada.

Lo mismo sucede espiritualmente.

Aquello a lo que permanecemos conectados termina alimentándonos.

Por eso debemos preguntarnos:

¿Qué está alimentando mi mente?
¿Qué alimenta mis emociones?
¿Qué alimenta mis decisiones?
¿Quiénes están influenciando mi manera de pensar?
¿De qué fuente estoy recibiendo?

Abraham tuvo que desconectarse para avanzar

📖 Génesis 12:1-3

“Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.”

Dios tenía una promesa extraordinaria para Abraham.

Había una nación.

Había propósito.

Había bendición.

Había futuro.

Pero antes de mostrarle todo lo que venía, Dios le pidió que saliera.

Abraham tuvo que dejar su tierra, su parentela y la casa de su padre.

Dios estaba llevándolo hacia algo nuevo, pero para entrar en lo nuevo tendría que abandonar aquello que representaba lo conocido.

📖 Hebreos 11:8

“Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba.”

Abraham obedeció sin conocer completamente el destino.

Este principio continúa confrontándonos hoy.

“A veces Dios no te muestra el destino hasta que te atreves a salir del lugar que ya conoces.”

Queremos que Dios primero nos explique todo.

“Señor, dime qué sucederá.”

“Muéstrame por qué tengo que dejarlo.”

“Enséñame qué viene después.”

Pero la fe no siempre recibe primero el mapa completo.

Hay ocasiones en las que Dios simplemente dice:

Sal.

Desconéctate de esa relación.

Deja ese hábito.

Abandona esa conversación.

Renuncia a esa práctica.

Aléjate de aquello que sabes que te está contaminando.

Y después comenzarás a comprender hacia dónde Dios te estaba llevando.

No estás condenado a repetir la historia de tu familia

Los antepasados de Abraham habían servido a dioses extraños.

📖 Josué 24:2

“Y dijo Josué a todo el pueblo: Así dice Jehová, Dios de Israel: Vuestros padres habitaron antiguamente al otro lado del río, esto es, Taré, padre de Abraham y de Nacor; y servían a dioses extraños.”

Sin embargo, el pasado familiar de Abraham no determinó su futuro.

Esto también es importante para nosotros.

Quizás existieron patrones destructivos en generaciones anteriores. Tal vez hubo alcoholismo, violencia, malas decisiones, adicciones, inmoralidad o diferentes formas de desorden.

Pero tú no estás obligado a repetirlas.

Tu historia puede cambiar.

Dios puede comenzar contigo algo diferente.

El comportamiento de tus padres no tiene que convertirse automáticamente en tu comportamiento. Los errores de tus abuelos no tienen que convertirse en tu destino.

Dios puede levantar en una familia a alguien que diga:

“Esto termina conmigo.”

Pero para caminar hacia ese propósito será necesario desconectarse de aquello que pretende mantener vivo el patrón anterior.

Las malas conexiones pueden cambiar tu destino

Una mala conexión puede parecer inofensiva al principio.

Una conversación.

Una amistad.

Una invitación.

Un lugar.

Una experiencia.

Una decisión.

Pero las conexiones producen influencia.

“Dependiendo de la fuente a la que te conectes, eso será lo que comenzarás a recibir.”

Una persona puede haber tenido buenas costumbres durante años y, por conectarse con las personas equivocadas, terminar tomando decisiones capaces de alterar completamente su futuro.

Por eso no debemos minimizar las compañías.

La pregunta no es solamente:

“¿Es mi amigo?”

También debemos preguntarnos:

“¿Hacia dónde me está llevando esta amistad?”

Hay personas que te acercan a la presencia de Dios y otras que poco a poco normalizan aquello de lo cual Dios intenta apartarte.

No todas las conexiones merecen permanecer.

Aquello con lo que te rozas termina impregnándote

Imagina mantequilla en una superficie. Si constantemente te rozas contra ella, tarde o temprano terminarás impregnado.

Espiritualmente sucede algo semejante.

Aquello con lo que continuamente convivimos comienza a dejar marcas en nosotros.

Conversaciones.

Contenido.

Ambientes.

Personas.

Pensamientos.

Conductas.

Por eso debemos cuidar nuestra exposición.

No significa aislarnos de todas las personas ni dejar de amar al perdido. Jesús nos envió a alcanzar vidas. Significa que debemos discernir quién está influenciando a quién.

Una cosa es acercarte a alguien para mostrarle a Cristo.

Otra muy diferente es permitir que esa persona determine tus valores, tus decisiones y tu conducta.

Puedes tener actividad y seguir conectado a la fuente equivocada

Este punto es todavía más confrontativo.

Podemos tener movimiento.

Podemos tener actividad.

Podemos incluso estar sirviendo dentro de una iglesia.

Y aun así estar espiritualmente mal conectados.

La actividad religiosa no sustituye la comunión con Dios.

Puedes cantar y estar desconectado.

Puedes servir y estar desconectado.

Puedes liderar y estar desconectado.

Puedes conocer lenguaje cristiano y estar desconectado.

Porque la verdadera pregunta no es cuánto movimiento tienes alrededor.

La pregunta es:

¿Permaneces conectado a Cristo?

Separados de Cristo nada podemos hacer

📖 Juan 15:5

“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.”

Jesús no dijo simplemente que Él podía ayudarnos.

Él se presentó como la fuente misma de nuestra vida espiritual.

La rama no produce fruto independientemente de la vid.

Su capacidad de fructificar depende de permanecer conectada.

De la misma manera, no fuimos diseñados para vivir espiritualmente independientes de Dios.

“Podemos estar desconectados de Dios, pero muy conectados al mundo.”

Cuando nos conectamos con Dios recibimos dirección, corrección, revelación, alimento espiritual, fortaleza y discernimiento.

Por eso necesitamos desarrollar una vida de oración.

Necesitamos leer la Palabra.

Necesitamos meditar en ella.

Necesitamos aprender a preguntarle al Espíritu Santo:

“Señor, ¿qué quieres enseñarme?”

Hay cosas que no te tienen amarrado: tú las estás sosteniendo

Esta es probablemente una de las imágenes más fuertes de este mensaje.

Imagina una persona intentando avanzar hacia Dios mientras sostiene varios cables.

Uno representa el pecado.

Otro las malas compañías.

Otro el pasado.

Otro la falta de perdón.

Otro las ofensas.

Otro las experiencias dolorosas.

La persona quiere avanzar.

Hace fuerza.

Ora.

Clama.

Pero sigue sosteniendo los cables.

Entonces descubrimos algo:

“No todo lo que te tiene amarrado te está deteniendo; hay cosas que tú mismo estás sosteniendo.”

A veces decimos:

“Señor, quítamelo.”

Pero seguimos agarrándolo.

Dios quiere liberarnos, pero nosotros continuamos aferrados.

Es como sostener fuertemente un objeto filoso mientras alguien intenta arrancarlo de nuestras manos.

Si seguimos apretándolo, terminaremos lastimados.

Entonces, ¿qué debemos hacer?

Soltar.

Hay cosas de las cuales no necesitas seguir tirando.

Necesitas abrir las manos.

Suelta antes de seguir lastimándote

Tal vez alguien te ofendió.

Tal vez alguien te traicionó.

Tal vez hubo palabras que todavía recuerdas.

Quizás ocurrió algo hace años y sigues reproduciendo la escena dentro de tu mente.

Pero si permaneces conectado al dolor, continuarás recibiendo los efectos del dolor.

Si permaneces conectado a la ofensa, continuarás interpretando situaciones nuevas desde una herida vieja.

Si permaneces conectado al pasado, intentarás construir tu futuro mirando constantemente hacia atrás.

Suéltalo.

No porque lo ocurrido haya estado bien.

No porque nunca haya dolido.

Sino porque no puedes permitir que aquello que te hirió continúe gobernando aquello que Dios quiere construir.

Despojémonos de todo peso

📖 Hebreos 12:1

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.”

Para correr hay cosas que debemos dejar.

Hay pesos que quizá no parecen enormes, pero hacen más difícil avanzar.

Pregúntate:

¿Qué ocupa constantemente mis pensamientos?

¿Dónde estoy invirtiendo mi tiempo?

¿Qué influencia mis decisiones?

¿Cuál es el patrón que repetidamente me conduce al pecado?

¿Qué me está sacando de la santidad?

Identificarlo es importante.

Pero después de identificarlo hay que tomar una decisión.

Desconectarse.

Dios te llama a acercarte, no a esconderte

📖 Mateo 11:28

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.”

El llamado de Jesús no es:

“Resuelve todo y después ven.”

Es:

“Ven a mí.”

Si estás cansado, ven.

Si estás cargado, ven.

Si llevas demasiado tiempo luchando con algo, ven.

El altar no es solamente para quien acaba de conocer a Cristo.

También es para el líder.

Para el servidor.

Para el predicador.

Para quien lleva años en la iglesia.

Todos somos seres humanos y todos necesitamos momentos en los que podamos decir:

“Señor, no puedo seguir cargando esto.”

La humildad no consiste en aparentar que nunca tenemos luchas.

La humildad también consiste en reconocer cuándo necesitamos entregar algo delante de Dios.

El que confiesa y se aparta alcanza misericordia

📖 Proverbios 28:13

“El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.”

Observa que la Biblia presenta dos acciones:

Confesar y apartarse.

No basta con reconocer:

“Sí, esto está mal.”

También necesitamos apartarnos.

Hay amistades de las cuales tendrás que tomar distancia.

Hay contenido que tendrás que dejar.

Hay hábitos que tendrás que cortar.

Hay conversaciones a las que tendrás que decir “no”.

Hay lugares a los que quizá no debes regresar.

Hay pensamientos que tendrás que dejar de alimentar.

Porque arrepentimiento no es solamente sentir tristeza.

También implica cambiar de dirección.

Desconectado del pecado, conectado a Su presencia

📖 Apocalipsis 3:20

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”

Dios no quiere solamente quitarte cosas.

Quiere darte algo infinitamente mejor:

Su presencia.

Quiere comunión contigo.

Quiere hablarte por medio de Su Palabra.

Quiere dirigirte mediante Su Espíritu.

Quiere rodearte de personas que impulsen tu crecimiento.

Quiere enseñarte a vivir en obediencia y santidad.

Por eso la meta no es simplemente quedar “desconectado”.

La meta es estar:

desconectado del pecado y conectado con Dios.

“No puedes conectarte plenamente con Dios mientras sigues aferrado a aquello que Él te está pidiendo que sueltes.”

¿Qué tienes que soltar tú?

Abraham tuvo que salir.

La pregunta ahora es personal.

¿De qué tienes que salir tú?

¿Qué debes abandonar para comenzar a caminar hacia aquello que Dios quiere mostrarte?

Quizás sea una amistad.

Quizás un pecado oculto.

Quizás pornografía.

Quizás malas palabras.

Quizás ira.

Quizás una relación.

Quizás resentimiento.

Quizás una ofensa.

Quizás algo ocurrido hace muchos años.

Quizás un hábito que continuamente te conduce a caer.

No intentes justificarlo.

Suéltalo.

Porque mientras una mano permanezca aferrada al pasado, al pecado o a la ofensa, será más difícil utilizarla para recibir aquello nuevo que Dios quiere entregar.


✅ Aplicación práctica: ¿Cómo vivir esto hoy?

Haz un examen sincero de tus conexiones.

Pregúntate delante de Dios:

  1. ¿A qué estoy conectado actualmente?
  2. ¿Qué personas están influyendo en mis decisiones?
  3. ¿Qué contenido está alimentando mi mente?
  4. ¿Qué pecado o hábito necesito abandonar?
  5. ¿Qué herida u ofensa sigo sosteniendo?
  6. ¿Qué me pidió Dios que dejara y todavía continúo abrazando?
  7. ¿Estoy verdaderamente permaneciendo conectado a Cristo?

Después toma decisiones concretas.

No solamente ores por aquello que sabes que debes abandonar.

Suéltalo.

Corta la conexión que te está destruyendo y fortalece aquellas conexiones que te acercan a Dios.

Aparta diariamente tiempo para orar.

Lee la Palabra.

Busca dirección del Espíritu Santo.

Rodéate de personas que amen a Dios.

Congrégate.

Busca consejo espiritual.

Y aprende a obedecer incluso cuando todavía no puedas ver completamente hacia dónde Dios te está llevando.


🔥 Llamado a la acción

Hoy no tienes que continuar conectado a aquello que te destruye.

Dios sigue llamándote.

Tal como llamó a Abraham a salir de lo conocido, hoy puede estar llamándote a abandonar aquello que ha limitado tu crecimiento espiritual.

No importa cuánto tiempo lo hayas sostenido.

Puedes soltarlo.

No importa cuánto haya dolido.

Puedes entregarlo.

No importa cuántas veces hayas fallado.

Puedes volver a Cristo.

Soltar también es un acto de valentía.

Abre tus manos.

Entrega el pecado.

Entrega la ofensa.

Entrega el pasado.

Entrega las malas conexiones.

Y vuelve a conectarte con la fuente que verdaderamente puede darte vida.

Porque tú no fuiste creado para vivir desconectado de Dios.

Fuiste creado para permanecer en Él y dar fruto.


🙏 Oración final

Padre, en el nombre de Jesús, hoy reconocemos que muchas veces hemos permanecido conectados a cosas que no provienen de Ti.

Hemos sostenido pensamientos, relaciones, hábitos, pecados, heridas, ofensas y experiencias del pasado que han limitado nuestro crecimiento y nos han impedido avanzar con libertad hacia Tu propósito.

Hoy abrimos nuestras manos.

Señor, soltamos.

Renunciamos a todo aquello que nos aparta de Tu presencia. Danos discernimiento para reconocer las conexiones que están contaminando nuestra vida y valentía para apartarnos de aquello que no Te agrada.

Ayúdanos a perdonar.

Ayúdanos a abandonar el pecado.

Ayúdanos a cerrar puertas.

Ayúdanos a dejar las malas compañías y los hábitos que continuamente nos conducen hacia lugares donde Tú no quieres que estemos.

Espíritu Santo, vuelve a ocupar el centro de nuestra vida.

Despierta hambre por Tu Palabra.

Despierta pasión por la oración.

Despierta deseo de santidad.

Rodéanos de personas que nos acerquen a Cristo y haznos también personas capaces de acercar a otros hacia Ti.

Como Abraham, danos fe para obedecer aunque todavía no podamos ver todo el camino.

Queremos permanecer en Cristo.

Queremos dar fruto.

Queremos ser instrumentos santificados, útiles para el Señor y preparados para toda buena obra.

Hoy declaramos que soltamos aquello que nos destruye para aferrarnos a Aquel que nos da vida.

En el nombre poderoso de Jesús.

Amén.

Pastor Daniel Valle
Ministerio el rey te mandó a llamar
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